Buenas noches a todos.
Bueno… ha llegado ese momento que, seguramente, ninguno queríamos que llegara. El momento de recoger, de guardar las cosas, de despedirnos de nuestros compañeros, de nuestros monitores y de todas esas personas con las que hemos compartido tantos días. El momento de asumir que, por mucho que queramos alargarlo un poco más, este campamento llega a su fin.
Y creo que antes de irnos, antes de que cada uno vuelva a su casa y volvamos poco a poco a la rutina, merece la pena parar un momento.
Parar y mirar alrededor.
Mirar todo lo que hemos vivido estos días y darnos cuenta de que lo que hoy termina no ha sido simplemente un campamento. Porque un campamento no son solo tiendas, actividades, excursiones, juegos, canciones, comidas o noches hasta las tantas. Un campamento son las personas que hemos conocido, las amistades que hemos hecho, las conversaciones que hemos tenido, las risas que hemos compartido y todos esos pequeños momentos que, seguramente, ahora mismo parecen normales, pero que dentro de unos meses o incluso dentro de unos años recordaremos y diremos: “Qué bien lo pasábamos allí”.
Y por eso, lo primero que quiero decir es gracias.
Gracias a todos los acampados.
Gracias por llenar este lugar de vida. Por cada risa, cada grito, cada canción, cada broma, cada carrera, cada actividad y cada momento inesperado.
Gracias por hacer que cada día fuera diferente.
Porque aunque pueda parecer que sois simplemente quienes venís a disfrutar del campamento, la realidad es que sois muchísimo más que eso. Sois el motivo por el que todo esto tiene sentido.
Cada uno de vosotros se lleva una historia diferente de estos días. Algunos se llevarán nuevos amigos, otros recuerdos que no olvidarán, otros alguna que otra anécdota que seguramente no contarán en casa… pero todos os lleváis algo.
Y espero que, cuando pase el tiempo, podáis mirar atrás y recordar este campamento con una sonrisa.
También quiero dar las gracias a los monitores, premonitores, en fin, amigos.
A esas personas que muchas veces vemos simplemente haciendo actividades, jugando con nosotros o animándonos, pero cuyo trabajo empieza mucho antes de que nosotros lleguemos y termina mucho después de que nos vayamos a dormir.
Gracias por preparar actividades, por aguantar nuestras bromas, por repetir las cosas veinte veces, por despertarnos cuando no queríamos levantarnos, por acompañarnos cuando estábamos cansados, por escucharnos cuando necesitábamos hablar y por estar ahí durante todos estos días.
Gracias por vuestra paciencia.
Gracias por vuestra energía.
Y gracias, sobre todo, por conseguir que cada uno de nosotros se sintiera parte de algo.
Porque seguramente no sois conscientes de cuánto puede significar para un acampado una conversación, un consejo, un abrazo o simplemente que un monitor esté ahí cuando hace falta.
Y estoy seguro de que muchas de esas cosas las recordaremos durante mucho tiempo.
También tenemos que agradecer a servicios técnicos.
Quizás sea uno de los trabajos que menos se ven, pero precisamente por eso creo que merece todavía más reconocimiento.
Porque cuando todo funciona, pocas veces pensamos en quién está detrás.
Cuando hay agua, luz, instalaciones preparadas, material, cosas arregladas y todo está en su sitio, simplemente damos por hecho que tiene que ser así.
Pero detrás de todo eso hay personas trabajando, solucionando problemas, cargando, descargando, arreglando y haciendo que el resto podamos disfrutar.
Así que gracias por estar siempre ahí.
Gracias por hacer ese trabajo que muchas veces pasa desapercibido, pero que es absolutamente necesario para que este campamento pueda funcionar.
Y, por supuesto, gracias a cocina.
Porque creo que todos podemos estar de acuerdo en que una de las cosas más importantes de cualquier campamento es la comida.
Pero más allá de las bromas y de si nos ha gustado más o menos un plato, detrás de cada comida hay muchísimo trabajo.
Levantarse, preparar, cocinar, organizar, servir, recoger… y volver a empezar.
Gracias por alimentarnos todos estos días, por estar pendientes y por formar parte también de cada uno de nuestros días.
Porque las comidas no han sido solamente momentos para comer.
Han sido momentos para sentarnos juntos, hablar, reírnos, contar lo que había pasado durante el día y compartir un rato todos juntos.
Y precisamente eso es lo bonito de este campamento.
Que cada persona tiene una función diferente, pero todas son necesarias.
Acampados, monitores, cocina, servicios técnicos… todos formamos parte de la misma historia.
Y si falta una pieza, el campamento no es el mismo.
Pero hay una persona a la que creo que hoy debemos dedicarle unas palabras especialmente importantes: El Viejo.
Viejo. Un años más continuamos con su legado. Su espíritu está presente en cada rinconcito y en cada esfuerzo por mantener viva la llama de lo que él inicio. Este campamento es un testimonio viviente de su dedicación y amor por la comunidad.
Pero, sobre todo, hay una cosa que hace que todo esto siga existiendo: las ganas de que exista.
Las ganas de seguir creando este lugar.
Las ganas de seguir dando a generaciones de personas la oportunidad de vivir algo como esto.
Y creo que eso es algo que no podemos dar por hecho.
Porque quizá para muchos de nosotros este campamento sea una semana, dos semanas o unos días al año.
Pero para que nosotros podamos vivirlos, hay personas que llevan mucho tiempo trabajando para que este lugar siga siendo lo que es.
No las instalaciones, no las actividades y no las tiendas.
Sino las personas que pasan por aquí y todo aquello que se llevan cuando se marchan. Y creo que no hay mejor manera de agradecer todo ese esfuerzo que seguir haciendo que merezca la pena.
Seguir viniendo, seguir disfrutando.
Seguir cuidando este lugar y seguir transmitiendo a quienes vengan después todo lo que este campamento significa para nosotros.
Porque nosotros algún día nos iremos.
Vendrán otros acampados, otros monitores, nuevas generaciones, nuevas historias…
Pero esperamos que la esencia siga siendo la misma.
Que siga existiendo ese lugar en el que durante unos días podemos olvidarnos de todo lo demás y simplemente ser nosotros mismos.
Ese lugar donde hacemos amigos, donde aprendemos que el verdadero valor está en la amistad, donde nos equivocamos, donde nos reímos, donde lloramos, donde compartimos, y donde, de alguna manera, crecemos.
Por eso creo que hoy no deberíamos decir simplemente “adiós”.
Porque un adiós parece definitivo y esto no tiene por qué serlo.
Hoy simplemente termina un capítulo.
Nos vamos, pero nos llevamos todo lo vivido.
Nos llevamos las historias que hemos creado.
Las canciones que hemos cantado.
Las bromas que seguramente solo nosotros entendemos.
Los momentos que no aparecen en ninguna foto.
Los abrazos.
Las risas.
Las noches.
Los madrugones.
Los momentos de cansancio.
Y todos esos pequeños instantes que han hecho que estos días sean especiales.
Y algún día, cuando pase el tiempo, quizá estemos en otro lugar, haciendo otra cosa, y de repente escuchemos una canción, recordemos una frase, veamos una foto o simplemente pensemos en el verano…
Y nos acordemos de este sitio.
Y seguramente sonreiremos.
Porque eso es lo que hace que un campamento nunca termine del todo.
Que aunque nos marchemos, una parte de nosotros se queda aquí.
Y una parte de este lugar se viene con nosotros.
Ojalá podamos seguir diciendo durante muchos años que tuvimos la suerte de formar parte de esta familia.
Así que disfrutemos de este último momento.
Aprovechemos para abrazar a esa persona que quizá no volvamos a ver hasta el año que viene.
Digámosle a nuestros amigos que les vamos a echar de menos.
Vamos a dar las gracias a quienes nos han acompañado.
Y, sobre todo, vámonos de aquí sabiendo que hemos sido muy afortunados de vivir todo esto.
CAMPAMENTO…
¡SIEMPRE!
CAMPAMENTO…
¡SIEMPRE!
CAMPAMENTO…
¡SIEMPRE UNIDOS!
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